
Sobre el juego
Dofus es el MMORPG táctico de Ankama, un estudio francés que en 2004 decidió que un mundo online masivo podía verse como una caricatura dibujada a mano y pelearse como un juego de mesa. Dos décadas después la apuesta sigue en pie: en el Mundo de los Doce cada combate detiene el mundo, lo ordena en turnos y lo resuelve sobre una grilla de casillas donde importa tanto dónde estás parado como qué hechizo lanzás. No es un MMO de acción ni de reflejos, y nunca quiso serlo.
Un ajedrez con hechizos
Cada personaje entra al turno con puntos de acción y puntos de movimiento, y con eso hay que decidir todo: acercarse o mantener distancia, romper la línea de visión, empujar a un enemigo contra un obstáculo, plantar una invocación para tapar un pasillo. Las 19 clases no son variaciones de un mismo molde: el Yopuka pega cuerpo a cuerpo y se castiga a sí mismo, el Cra dispara desde el otro extremo del mapa, el Eniripsa cura y debilita, el Sacrógrito convierte su propia vida en recurso. Los grupos llegan a ocho personajes, las mazmorras piden llaves y coordinación, y la escalada hasta nivel 200 se arma con cadenas de misiones largas, oficios y la caza de los seis Dofus primordiales, los huevos de dragón que le dan nombre al juego. Un combate mal leído no se salva apretando botones más rápido: se pierde y se aprende.
Un mundo que sostienen los jugadores
Casi nada en Dofus se le compra a un NPC. La economía la sostienen los jugadores: los oficios de recolección y artesanía producen los equipos, las pociones y los consumibles que usa el resto, y los precios se mueven en los mercadillos según lo que pasa en cada servidor. Eso convierte al comercio en una forma legítima de jugar —hay gente cuyo endgame es el mercado— y hace que tratar con otros sea parte del diseño, no un extra: se negocia, se arma grupo para una mazmorra, se entra a un gremio, se elige bando entre Bonta y Brákmar para el PvP de facciones. También explica la cultura de la multicuenta, muy arraigada: mucha gente maneja su propio equipo de ocho personajes en paralelo, y por eso hay servidores donde eso está permitido y otros monocuenta donde no. Elegir mal ese detalle al empezar cambia por completo la experiencia.
Qué se paga y qué no
Dofus no es free to play, aunque se pueda empezar sin pagar. El cliente se descarga gratis desde el sitio oficial y el modo Descubrimiento deja jugar sin límite de tiempo, pero acotado a las zonas de iniciación —Incarnam y Astrub—, sin oficios avanzados ni PvP de facciones: el mundo completo se abre con la suscripción, que ronda los 5,99 € al mes y abarata el mes en los packs de 3, 6 y 12 (el anual anda por los 58 €). Hay un pase de prueba de 7 días para ver si el ritmo te cierra. El detalle interesante es que la suscripción también se paga con Ogrines, la moneda premium, y los Ogrines se consiguen intercambiando kamas con otros jugadores: quien juega mucho y comercia bien se financia el mes sin poner dinero real. Aparte existe una tienda de cosméticos y servicios —trajes, mascotas, transferencias de servidor— que no vende poder. Ojo con una confusión común: DOFUS Retro y Dofus Touch se pagan por separado, no entran en la misma suscripción.
Estado actual: la era Unity
En diciembre de 2024 Ankama publicó DOFUS 3.0, la migración completa del cliente de Flash a Unity tras meses de beta, con servidores nuevos incluidos. El arranque fue accidentado —bugs, problemas de rendimiento, una comunidad ruidosa— y buena parte de 2025 se fue en pulirlo y en ordenar el parque de servidores, que pasó de 22 a 6 (Brial, Rafal y Salar en multicuenta; Dakal, Mikhal y Kourial en monocuenta, con Draconiros como la referencia poblada del formato de un personaje por jugador). Lo que quedó es un juego con desarrollo activo y un plan a la vista: el contenido se organiza en temporadas ligadas a los seis Dofus primordiales, con actualizaciones grandes varias veces al año que traen refundiciones de clase, raids de gremio, buscador de grupo, un dofusdex y calidad de vida que el juego debía desde hacía años. Incluso sumó una clase nueva, la vigésima: la Bellaphone. Ya no está en Steam: se instala y se actualiza desde el Ankama Launcher, corre en PC, Mac y Linux, y sigue localizado al español, con la comunidad hispana conviviendo con la internacional en los mismos servidores. Si vas a volver después de años, la guía oficial de la migración explica qué cambió con tu cuenta.
Conviene tener claro que hay tres Dofus y no son el mismo producto. El principal es este, la rama 3.x en Unity, la que recibe las temporadas. DOFUS Retro es la versión clásica 1.29 conservada aparte, con sus propios servidores y su propia suscripción: existe porque a mucha gente le importa el juego tal como era en sus primeros años, con su lentitud y su dureza intactas. Y Dofus Touch es la adaptación para móviles, un producto separado con su economía y su calendario de actualizaciones. Los tres comparten el Mundo de los Doce, ese universo —el Krosmoz— del que salieron después Wakfu, la película y la serie animada. Parte del valor de Dofus hoy es justamente eso: es el origen de todo lo demás, y veinte años de contenido acumulado siguen en el mapa, no archivados.
Para quién es (y para quién no)
Dofus es para quien disfruta pensar una pelea: gente que viene de tácticos por turnos, que se entretiene calculando alcances y posiciones, que prefiere ganar por decidir bien antes que por apuntar rápido. También para quien le encuentra el gusto a un MMORPG de verdad social, donde el mercado, el gremio y la reputación en el servidor pesan tanto como el equipo. Y para quien valora un juego con dos décadas de historia encima: hay una cantidad de contenido, oficios, mazmorras y cadenas de misiones que ningún lanzamiento reciente puede igualar. El estilo dibujado a mano, además, envejeció bastante mejor que el 3D de su generación.
Lo malo, sin vueltas: es lento. Los recursos se farmean, las cadenas de misiones son larguísimas y hay contenido que sin grupo simplemente no se hace, así que jugar solo y a ratos sueltos se siente cuesta arriba. La cultura de la multicuenta deja en desventaja al que lleva un solo personaje en los servidores donde está permitida —de ahí que elegir monocuenta sea la decisión más importante de tus primeros cinco minutos—. La interfaz es densa y el juego explica menos de lo que debería, incluso con el tutorial rehecho. La era Unity todavía arrastra asperezas de rendimiento en algunas máquinas, y la suscripción es un muro real: el modo Descubrimiento alcanza para probar el sistema de combate, no para jugar Dofus. Si nada de eso te espanta, no hay muchos MMORPG con esta profundidad táctica, y ninguno que la sostenga desde 2004.
