

Meridian 59
Sobre el juego
Meridian 59 fue el primer MMORPG gráfico de mundo persistente en 3D que llegó al mercado masivo: salió el 27 de septiembre de 1996, un año antes que Ultima Online, y fue el que instaló la cuota mensual plana en una época en la que jugar en línea se pagaba por minuto de conexión. Buena parte de la gramática del género —el servidor compartido, el gremio, el PvP con consecuencias— se probó acá primero. Lo llamativo es que nunca terminó de morir: cerró en 2000, volvió en 2002, sus creadores originales lo recuperaron, lo liberaron como código abierto en 2012 y desde entonces lo mantiene una comunidad chica y obstinada que sigue publicando parches.
Qué lo hace distinto
El diseño es de la vieja escuela y no pide perdón. No hay clases cerradas: hay siete escuelas de magia y combate que suben usándolas, así que el personaje termina siendo la suma de lo que hiciste con él y no de lo que elegiste en la pantalla de creación. El PvP está abierto en casi todo el mapa, sin zonas seguras que te cubran la espalda por defecto. Morir duele de verdad: aparecés desnudo en el inframundo, lejos del cadáver, y recuperar tu equipo es una expedición aparte. Y matar inocentes no es gratis — el juego te marca como asesino a la vista de todo el servidor, con lo que eso implica cuando el resto decide cobrárselo.
Encima de todo eso corre una capa política que en 1996 era casi ciencia ficción y que hoy sigue siendo poco común: facciones y gremios que disputan territorio, salas propias y reliquias de poder. Buena parte de lo que pasa en el mundo no lo escribió un diseñador, lo escribieron las alianzas y las traiciones de un servidor donde todos se conocen por nombre. Es un juego más de reputación que de nivel.
Cuánto cuesta: nada
Meridian 59 es gratis de punta a punta y sin ninguna capa de monetización: no hay suscripción, ni tienda de objetos, ni microtransacciones, ni cosméticos pagos, ni publicidad. No existe pay to win porque no existe nada que comprar. Es una ironía linda para el juego que popularizó la cuota mensual: desde que el código se liberó bajo GPLv2 en 2012, todo se sostiene con donaciones voluntarias para pagar los servidores. Podés bajar el cliente desde el sitio oficial o desde Steam, donde figura como Free to Play; en los dos casos hace falta crear una cuenta gratuita en meridian59.com para entrar. Los servidores comunitarios también son gratuitos.
Estado actual: vivo, pero minúsculo
El desarrollo sigue activo, aunque a una escala que no se parece a la de ningún MMORPG comercial. La cadencia es de un parche relevante cada cuatro o cinco meses: la 1.5 llegó en septiembre de 2025, la 1.6.0 en enero de 2026 y la 1.7.0 en junio de 2026, esta última con sonido posicional real (los efectos siguen a los objetos que se mueven), luces parpadeantes funcionando en el render por hardware, paredes translúcidas y una tanda grande de trabajo interno del servidor. No hay roadmap público: se trabaja sobre lo que la comunidad prioriza y se anuncia cuando sale. Los servidores oficiales son el 101 y el 102, con el cliente clásico, y a su alrededor conviven forks comunitarios activos —el 105, conocido como Meridian Next, con mejoras de interfaz y sistemas propios; el 112; y un servidor alemán— todos gratuitos.
La población es el punto flojo y no tiene sentido maquillarlo. En Steam el promedio de jugadores concurrentes se cuenta con los dedos de una mano y el récord histórico ronda los noventa; la cifra real es algo mayor porque mucha gente entra por el cliente propio y por los servidores comunitarios, que históricamente movieron entre veinte y cincuenta personas, pero seguimos hablando de decenas, no de miles. Eso cambia cómo se juega: los momentos buenos se coordinan por Discord y por los foros, y entrar un martes a la tarde puede significar recorrer un mundo vacío. La contracara es una comunidad que se conoce y que recibe bien al que aparece: en Steam el juego acumula un 86% de reseñas positivas sobre casi cuatrocientas.
Por qué jugarlo (y por qué no)
Meridian 59 es para quien quiere la crudeza que el género dejó de fabricar: riesgo real al salir del pueblo, un mundo donde tu nombre pesa, y un sistema de progresión que te deja armar algo raro sin pedirle permiso a una clase. También es una pieza de historia jugable, y una de las pocas que podés abrir por dentro: el código está publicado y el proyecto acepta contribuciones, así que es terreno fértil para quien disfruta tanto de jugar como de mirar cómo está hecho.
Y no es para todo el mundo, con toda honestidad. Los gráficos son de 1996 y no hay remaster que los tape; la interfaz es arcaica, el juego enseña poco y mal, y buena parte de lo que necesitás saber está en la cabeza de otros jugadores. La población baja hace que el PvP dependa del horario y de que alguien organice algo, y que las tardes muertas sean frecuentes. Si buscás un mundo lleno, contenido PvE constante o una progresión moderna con objetivos claros, esto te va a frustrar. Si en cambio te tienta un MMORPG chico, gratis de verdad y sin red de contención, es de los pocos lugares donde todavía existe.