

Onigiri
Sobre el juego
Onigiri es un MMORPG de acción free to play desarrollado y publicado por CyberStep, ambientado en un Japón mitológico donde conviven dioses, youkai y espíritus que no terminan de irse. El protagonista es mitad humano, mitad oni, y recorre una campaña con estética anime, doblaje japonés y un tono que alterna la epopeya con el chiste. Lo que lo distingue no es su historia, que es correcta sin más, sino su manera de pelear: acá no hay clases, hay armas.
El arma es la clase
Cada personaje se define por lo que lleva en la mano: espada, odachi, arco, garras, cañón o bastón mágico, cada uno con su propio ritmo, alcance y árbol de habilidades que se desbloquea usándolo. Se equipan dos a la vez y se alternan en pleno combate, de modo que un combo puede abrir a distancia con el arco y cerrar encima del enemigo con las garras sin pausa entre medio. Ese intercambio rápido es el corazón del juego y sigue siendo su mejor argumento: la pelea es directa, ágil y bastante más viva que la de la mayoría de los MMO gratuitos de su generación. También significa que un mismo personaje puede reinventarse sin rerolear, algo que en 2014 no era común y hoy sigue siendo cómodo.
La otra mitad del juego son los ocho compañeros NPC, que acompañan la historia, salen de misión y suben de afinidad con regalos hasta abrir sus propias escenas. Gracias a ellos buena parte de la campaña y de las mazmorras se puede recorrer en solitario, sin depender de que haya gente conectada — un detalle que, con los años, pasó de comodidad a necesidad. El contenido cooperativo existe y las mazmorras duras piden grupo, pero el juego nunca obliga a socializar para avanzar.
Qué se paga y qué no
No hay pago de entrada ni suscripción: la campaña completa, las armas y las mazmorras están disponibles gratis desde el primer minuto, tanto en Steam como en PS4. La tienda funciona con Onigiri Coins, la moneda premium que se compra en packs, y el grueso del gasto va al gacha Nyankoropon: varias máquinas de premios rotativos con tirada individual o de a cinco, más tickets gratuitos que el juego reparte en eventos. El resto son cosméticos y trajes, expansiones de inventario e ítems de conveniencia como restauraciones de energía y objetos para revivir; también hay un bazar entre jugadores que se mueve con moneda del juego. Conviene entrar sabiendo esto: llegar al final de la historia no cuesta nada, pero el equipamiento de tope premia el gasto, y el peso del gacha es la queja más repetida de su propia comunidad.
Cómo está hoy
Sigue vivo y con soporte activo, reducido a dos plataformas: PC vía Steam y PlayStation 4. CyberStep hace mantenimiento semanal y publica notas de parche casi todas las semanas en su sitio oficial, aunque el contenido nuevo llega en forma de eventos, mazmorras de desafío rotativas y tiradas inéditas de gacha, más los eventos estacionales de rigor. No hay roadmap público ni expansiones numeradas: la cadencia es de mantenimiento y celebración, no de grandes actualizaciones. Es un juego que se cuida, no uno que crezca.
La contracara es doble. Primero, la población es chica: en Steam se mueve en el orden de unas pocas decenas de jugadores concurrentes, con picos algo mayores en eventos, así que fuera de las horas fuertes el mundo se siente solitario y armar grupo para lo difícil puede llevar un rato. Segundo, el historial de cierres es largo: cayeron las versiones de PS Vita, Xbox One, Nintendo Switch, el cliente de PC en inglés independiente y hasta el spin-off Onigiri Heroes, que no llegó al año. Nada de eso amenaza a las versiones que quedan en pie, pero explica por qué la comunidad que sobrevive es tan chica como fiel — y las reseñas de Steam, mayormente positivas, salen justamente de ahí.
Para quién es (y para quién no)
Onigiri funciona para quien busque un MMORPG de acción anime que se pueda jugar en solitario, con combate rápido, sin gastar un peso y sin pedir permiso a un grupo para avanzar; el folclore japonés bien aprovechado y el doblaje original ayudan a que la campaña se sostenga. No funciona para quien pretenda gráficos modernos —tiene muchos años encima y se le notan— ni un mundo poblado, ni un endgame que no dependa del farmeo y del gacha, porque las mazmorras se repiten y el techo de equipamiento está atado a la tienda. Es, en resumen, un juego viejo que envejeció con dignidad: vale por su sistema de armas, no por su escala, y conviene acercarse a él como una campaña de acción con amigos NPC más que como un MMO en el que instalarse durante años.