
Sobre el juego
Allods Online es un MMORPG free-to-play ambientado en Sarnaut, un mundo que se rompió en pedazos: sus continentes quedaron convertidos en islas a la deriva dentro del Astral, un océano mágico y hostil que separa cada fragmento del siguiente. Cruzarlo no es una pantalla de carga con una animación bonita, sino la actividad que le da identidad al juego: se hace a bordo de naves artilladas que rinden al máximo cuando hay una tripulación repartiéndose el timón, los cañones y la sala de máquinas.
Debajo de esa capa hay un MMORPG de fantasía muy clásico, y eso no es un defecto: dos facciones enfrentadas —el Imperio y la Liga—, siete razas, diez clases, misiones, mazmorras, raids y arenas de PvP masivo. Lo desarrolla el estudio ruso Allods Team, que lo abrió en 2010 (2011 en Occidente, 2016 en Steam), y hoy lo publica MY.GAMES en su sitio oficial. La mezcla es rara a propósito: fantasía con estética eslava, ópera espacial y una capa naval que ningún otro MMORPG grande copió.
El Astral, la parte que no se parece a nada
El Astral es el espacio entre islas y funciona como un continente propio: se navega, se explora, se pelea y se pierde carga ahí adentro. La nave se construye, se equipa y se mejora, y cada puesto a bordo tiene una función real, así que un viaje con gente coordinada rinde distinto a uno en solitario. De ese océano cuelgan los allods —fragmentos de tierra con contenido propio— y también los encuentros de nave contra nave, que son la excusa por la que muchas hermandades siguen existiendo. Es lento y áspero comparado con el confort de un MMORPG moderno, pero es exactamente lo que hace que el juego no sea intercambiable por ningún otro.
Cómo está hoy
Quince años después sigue en desarrollo real. La editora publica una versión mayor cada cuatro meses aproximadamente, más eventos y promociones casi semanales: la línea 16.x, abierta a fines de 2025 con Xadagan, rehízo el sistema de equipo y de progresión en mini-temporadas y subió el nivel máximo a 115, y la siguiente entrega continuó la historia y reformó varias clases. En lo técnico, el cliente de 64 bits llegó en 2025 y ya es el predeterminado; el de 32 bits queda retirado con el update 17.0.
El problema no es el desarrollo: es la visibilidad. No hay roadmap público desde 2023 y la página de Steam está prácticamente abandonada —sin anuncios oficiales desde su llegada—, así que un juego que está vivo aparenta lo contrario. La población tampoco ayuda a la primera impresión: quedan dos servidores internacionales tras años de fusiones sucesivas, y el conteo de concurrentes en Steam se mide en decenas. Ese número miente por lo bajo, porque la mayoría entra por el launcher propio de la editora, pero la conclusión honesta es la misma: es un MMORPG poblado y pequeño, no uno multitudinario.
Qué se paga y qué no
El servidor gratuito, New Frontier, tiene la tienda completa y no disimula. Se compran cristales —del orden de un céntimo de euro por unidad— y con ellos se accede a cajas aleatorias con ornamentos que suben poder y resistencia o desbloquean ranuras extra de accesorio, a chips para fabricar y subir runas (trece niveles, seis equipables, un pellizco de daño por nivel), a gacha explícito y a bonos por recarga que premian gastar de a mucho. Nada de eso es cosmético: es poder de personaje, y define el techo competitivo de quien juegue ahí.
Por encima corre el sistema Premium, el vector menos comentado y el más directo: suma automáticamente todo lo gastado en cristales, lo reparte en ocho escalones y en los tramos intermedios regala runas frágiles de nivel alto. La letra chica es lo que importa — se resetea el día 25 de cada mes: ese poder no se conserva, se alquila, y hay que renovarlo pagando. Los umbrales exactos en dinero no están publicados; la mecánica sí, en la FAQ del sistema Premium. A eso se suma un pase de temporada, la Battle Campaign, con track gratuito y ticket de pago opcional, que corre una o dos veces al año durante un par de meses.
La alternativa oficial es Smuggler's Paradise, un servidor de suscripción con prueba gratuita de siete días donde el equipo, los rubíes y las runas caen jugando. Es la mejor puerta de entrada para quien no quiera medir su personaje contra una tienda, con un matiz que conviene conocer: desde el update 16.0 tampoco está libre de microtransacciones —tiene su propia boutique de estilos y servicios con moneda propia—, aunque la editora sostiene que allí no se vende nada que mejore directamente al personaje. La FAQ oficial todavía afirma que ese servidor no tiene tienda «de ningún tipo», y eso dejó de ser exacto. El precio de la suscripción tampoco figura públicamente fuera del cliente: se conoce por lo que cuentan los jugadores, en el entorno de unos pocos dólares al mes.
Para quién es (y para quién no)
Es para quien busque un MMORPG de fantasía a la vieja usanza —leveo largo, clases con identidad, mazmorras y raids— pero con una idea propia encima, y para quien la navegación astral con tripulación le suene a plan de noche entera con la hermandad. También para el jugador paciente: el ritmo es lento y el juego no explica bien sus propios sistemas. No es para quien quiera gráficos actuales, interfaz moderna o matchmaking instantáneo, ni para quien necesite una comunidad hispanohablante grande: el cliente internacional está en inglés y la base de jugadores es modesta. Si la duda es el monedero, la recomendación práctica es simple: probar el servidor de suscripción antes que el gratuito.
Su cicatriz es vieja y conviene nombrarla: en 2010 la tienda occidental se lanzó con precios tan agresivos que espantó a buena parte del público recién ganado, y quince años después la conversación sigue girando en torno a cuánto se progresa jugando y cuánto pagando. Hay que sumar que la versión rusa quedó en manos de otra editora y funciona como universo paralelo, en su propia plataforma y sin transferencias entre una y otra. Con todo sobre la mesa: detrás del descuido de vitrina hay un MMORPG vivo, raro y sin sustituto directo, siempre que se entre con la cuenta clara —el servidor gratuito no es amable, y el que sí lo es se paga.
